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El enmarcado fue desarrollado básicamente
para realzar las pinturas, definir su espacio y establecer sus límites. Los primeros marcos dimensionales para
pinturas se desarrollaron alrededor del Siglo XIII, cuando las
pinturas independientes (es decir no pintadas directamente sobre la
pared) se volvieron populares.
Con la aceptabilidad de los paneles pintados vino la pintura de caballete, lo que le permitió al artista trabajar en un estudio. Los marcos se hicieron entonces en forma separada de la pintura, a menudo creados por los mismos artistas y usualmente terminados antes de comenzar a pintar el final de la pintura. Estos marcos eran diseñados como una extensión de la pintura. Un estilo, un símbolo o una forma de la pintura era continuada en el marco; nombres y fechas se ponían en los marcos de los retratos. Esta armonía entre la pintura y el marco fue parcialmente posible por la variedad de habilidades de los artistas, cuya extensa educación incluía, desde botánica y arquitectura, a dorado y mezcla de colores. Con el Renacimiento se
desarrollaron diferentes tipos de marcos para la extensa variedad de
pinturas encargadas, no sólo por la iglesia, sino también por ricos
mercaderes y nobles (quienes pedían retratos, temas religiosos y mitológicos). El cambio más profundo en el enmarcado
se produjo a comienzos del Siglo XVI en Italia, cuando los maestros
artesanos introdujeron el uso de "molduras", sentando las
bases del enmarcado de pintura de caballete de los próximos siglos.
En el Siglo XVI, Venecia se
volvió uno de los principales centros de fabricación de marcos. Los
diseños se volvieron más recargados y ostentosos. Venecia fue también
centro de fabricación de espejos y los marcos de estos eran mucho más
anchos y decorados que los usados para las pinturas.
En el Siglo XVII, la construcción del marco en tres secciones continuó, aunque a la vista no era tan notoria. El tallado se hizo más largo y con más relieve. A menudo la moldura era completamente perforada. Durante la primera mitad de este siglo
muchos artistas pasaron de Italia a Francia y los marcos franceses se
volvieron los más importantes de toda Europa y fueron ampliamente
copiados. Durante el reinado de Luis XIV (1643-1715) las partes talladas de los marcos se volvieron más profundas y elaboradas, los elementos florales más estilizados y se añadieron diseños más pronunciados en las puntas y los medios. El Regencia fue un período de transición
en el gobierno y en las artes. Durante este período, el perfil de las
molduras se volvió más profundo y las esquinas más recargadas. La
banda central, que antes tenía un patrón continuo de decoración, se
hizo más simple para balancear las acentuadas esquinas.
Las artes decorativas
alcanzaron su esplendor bajo el reinado de Luis XV (1723-1774) y
esta época fue también la del apogeo del marco. Estos fueron usados en
todos lados, para ornamentar toda superficie plana en paredes y techos.
Poco después de la
segunda mitad del Siglo XVIII tuvo lugar una reacción a tanta
exuberancia. Se dió lugar a un diseño más sobrio y una simetría más
austera. Este estilo es generalmente llamado Luis XVI, aunque comenzó
unos años antes de su reinado (1774).
Durante los años de la Revolución, muchas colecciones de arte fueron destruidas y muchos marcos fueron quemados para recuperar el oro empleado en ellos. A pesar de los grandes cambios políticos y sociales el estilo empleado en la construcción de los marcos no sufrió grandes cambios. Bajo el régimen dictatorial de Napoleón,
la decoración de interiores sufrió una uniformidad sin precedentes. Se
acentuaron las formas clásicas. Cada detalle es simple y bien definido,
la simetría perfecta. Este estilo es conocido como Imperio. Napoleón
hizo reenmarcar cada cuadro del Louvre en este estilo.
Durante el Siglo XIX el
enmarcado decayó en un procedimiento mecánico, la mayoría de los
marqueros no creían que cada pintura necesitase un tratamiento
individual. Muchos de los diseños fueron bastas copias de los marcos
Luis XIII y XIV, con las tallas hechas en yeso y el dorado en cobre. Durante la década de1870 hubo un grupo de artistas que comenzó una rebelión contra las rígidas estructuras de las academias de arte. Ellos reexaminaron muchos aspectos de la pintura y redescubrieron él intimo contacto entre una pintura y su marco, lo cual produjo un súbito cambio en el desarrollo del enmarcado. Es difícil para nosotros apreciar cuan drástico fue este cambio, dada la increíble variedad de marcos de que disponemos hoy en día, tanto en formas y terminaciones, como en colores. Pero por 300 años todos los marcos fueron dorados. Podía haber cambios y discrepancias en la forma y la ornamentación, pero nadie cuestionaba la formula base: el dorado. Los Impresionistas decidieron usar un
simple marco blanco, que les aseguraba una cierta neutralidad de
interacción con la pintura.
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